Valparaíso Inaudible

Proyecto realizado en el marco del Centro de Investigaciones Artísticas de la Universidad de Valparaíso

Proyecto financiado por el Fondo de la Música 2017. Folio 421754

Director: Paul Hernández. Equipo: Cristian Galarce, Gustavo Celedón, Esteban Agosín. Diseño Aplicación: Camilo Lillo

 

 

 

I. Frecuencias perdidas de una ciudad

Valparaíso inaudible es un proyecto que utiliza las posibilidades interactivas y participativas que entregan los dispositivos tecnológicos actuales. Su propósito es crear y recrear acontecimientos sonoros en la ciudad de Valparaíso, Chile.    

Estos acontecimientos sonoros no refieren a cualquier tipo de sonido: se trata de sonidos que no están “presentes”, sea porque efectivamente ya no están, sea porque permanecen escondidos, a niveles no audibles por las costumbres del cotidiano.

Valparaíso inaudible trabaja, por lo tanto, con la idea de memoria sonora.

Ahora bien, una memoria sonora apunta a acontecimientos sonoros y audibles que constituyeron experiencias reales. Es decir: esos sonidos que ya no están, esos sonidos ahora cubiertos por el inmobiliario o, paradójicamente, por el devenir de la misma ciudad, fueron en su momento sonidos que los habitantes encontraban a diario.

De alguna manera, habitar una ciudad significa experimentar ciertas texturas, ciertos olores, imágenes, sonidos… Este conjunto perceptivo va variando, generalmente de manera imperceptible, puesto que las vidas siempre distraídas por las ocupaciones y los deberes, dejan en segundo, tercer, cuarto plano las experiencias perceptivas y sensoriales que, no obstante, constituyen la materia misma de la experiencia en general.

Los sonidos que conforman nuestro cotidiano, no son meras contingencias ajenas. Por el contrario, determinan nuestros estados sensibles, se mezclan en nuestro habla, incluso en la invención de palabras, en nuestras formas de escuchas, nuestros umbrales de conversación, nuestras reacciones, nuestra capacidad de entender, nuestro carácter. Nos remiten a imágenes, a recuerdos, a deberes. Delinean el territorio pero a la vez lo transportan a través de todas las provocaciones que incitan. Una ciudad no es sólo un conjunto de líneas, un territorio no es solamente un conjunto organizado de paralelas horizontales y verticales. Una ciudad es también, entre otras cosas, la experiencia de sus sonidos. Y los sonidos, en la ciudad, son barreras traspasables. Indican un límite cuyo inverso y anverso nos son igualmente experienciables. Pues si bien la ciudad pueda quizás distinguirse por una singularidad sonora, ésta no le pertenece. De este modo, no se trata en este proyecto de los sonidos de Valparaíso, sino de los sonidos en Valparaíso. Y, aún más, de paso por Valparaíso. La palabra “memoria” de alguna manera evoca, precisamente, el paso: recordamos o intentamos recordar lo que estuvo ahí, lo que tuvo lugar y ya no lo tiene. O lo que tiene ahora lugar pero que desde ya sabemos que quizás no lo tendrá siempre.      

Una memoria perceptiva y, en particular, una memoria sonora cumple así una doble función:

  1. puede recordarnos sonidos que fueron parte de la experiencia pero que, en su momento, fueron desatendidos por nuestro andar
  2. puede hacernos conscientes de sonidos actuales que ignoramos diariamente

Pues no se trata sólo de contar la historia. Ciertamente podemos datar ciertos sonidos y, con ello, hacer un inventario de hechos “propiamente” históricos que corresponden a esas fechas. Pero una memoria perceptiva, es decir, una memoria de las percepciones, de las experiencias perceptivas, una memoria, por ejemplo, de la dimensión sonora, no se deja simplemente armar al costado de –y supervisada por– la figura de la historia, bien si ésta puede aparecer como un útil índice.

Pues una memoria perceptiva se pregunta por la experiencia perceptiva, terminando por convertirse en una incógnita “a medias”. Esto es: si lo que buscamos trata de recrear las experiencias tal como fueron, tal como fueron vividas o experienciadas, siempre habrá una incógnita, pues jamás encontraremos el punto objetivo, el “tal-cual” de una experiencia pasada. Pero si pensamos que toda experiencia, al contrario de lo que la televisión y la publicidad nos enseñan, no se acaba o no se consume cuando es vivida, cuando le “toca su turno” o cuando, simplemente, ocurre, caemos en la cuenta de que ella habita un espacio común, un espacio de comunidad, ésta última no definida por un grupo de individuos de rasgos o características comunes, sino por el intercambio, las relaciones, por diferencias que comparten espacio, tiempo, dimensiones. Pues en efecto, las experiencias se comparten. No como objetos ni menos como mercancías. Como acontecimientos que se multiplican en el tiempo, que duran, que se transforman en frecuencias perdidas que de repente, a años luz, podemos recoger con nuestro cuerpo, nuestros oídos, radios, micrófonos, celulares, aparatos de registro, etc. Experiencias que no son las nuestras, pero que no por ello nos son completamente ajenas. Una experiencia, cualquiera, es ya de alguna manera el recuerdo de una experiencia pasada. Y no es, por ello, una incógnita. Y si lo es, lo es “a medias”, teniendo en cuenta que la “mitad” que desconocemos en ese “a medias”, es justamente la que nos es más cercana. 

En cierto sentido, Valparaíso inaudible es una suerte de antena que recoge sólo frecuencias perdidas. Frecuencias que se extraviaron. Frecuencias de materias desmaterializadas que conformaron la ciudad de Valparaíso. Por ello, no se trata sólo de recordar al modo de la descripción. Se trata de sintonizar. A través de la aplicación, no sólo aparece o debiese aparecer el objeto sonoro en cuestión: el sonido de un canal bajo la Avenida Argentina, o de la antigua maquinaria del Reloj Turri. Lo que ahí se pone en juego es la traducción de una frecuencia que perdió de hecho el objeto material que la emite pero que de alguna manera tiende a su permanencia, hace uso de su duración. Clama no por la escucha limitada al dispositivo y los aparatos auriculares, develando una pura existencia de códigos que permiten la experiencia. Dicho de otra manera, Valparaíso inaudible quiere superar la realidad de la experiencia que realmente ocurre: la escucha de un objeto sonoro digital a través de audífonos en un determinado punto de la ciudad que evoca un sonido que ya no está o está sumergido. Muy por el contrario, se trata de conectar esa experiencia digital con experiencias sonoras que ya no están como tales, pero que pueden ser rememoradas.

Valparaíso inaudible apunta, de este modo, a desdoblar o multiplicar la experiencia presente. La reconstitución de sonidos del pasado empuja a pensar las experiencias de paso en Valparaíso, las experiencias de aquellos que han pasado y han podido establecer un cotidiano con acontecimientos perceptivos determinados: escuchar esos sonidos, pensar cómo fueron vividos, ignorados, qué los rodeaba; cuál era el modo de sus repeticiones, cómo llegaron a ser y cómo desaparecieron o dejaron de estar en primer plano.

Por ningún motivo de trata de condenar a una supuesta polución sonora por quitarnos la naturaleza de sonidos más próximos a nuestras vidas. Esa polución existe, pero no es a través de un puritanismo sonoro que pretende callar todo lo que lo rodea que podemos hacer justicia con las experiencias sonoras. En primer lugar, porque los sonidos no tienen culpas. Es la organización económico-política la que produce el desastre ambiental, no los sonidos. Pretender extender el silencio para que nada suene no es sino un reaccionismo perceptivo, estético si se quiere. Pues si los sonidos no tienen culpa, es porque ellos mismos se abren a ser ruidosos, silenciosos, largos, cortos, agudos o graves.

John Cage nos enseñaba que una buena forma de combatir el ruido de las ciudades modernas, era escuchándolo. Oír cómo se extiende, cómo se granula, se multiplica, se separa, se distancia, se recoge. Cómo vive. Porque el sonido no gira en torno a nuestros egos cada vez más vacíos. Ellos ocurren, no tienen la intención de ser escuchados ni menos de servir a las vidas humanas. Por mucho que sean estas vidas las que los entienden, mediante impulsos cerebrales y eléctricos, un sonido no habita una mente humana. Esto es sólo una dimensión de su existencia, casual. Un sonido tiene más vida, más “expectativas” que llegar a sintetizarse y ubicarse en la planificación humana. Muy por el contrario, las experiencias sonoras se constituyen como encuentros, como una sintonía entre dos vidas con historias bastante diferentes.

Valparaíso inaudible no busca constituirse y explotarse como una simple función de los nuevos hábitos digitales, la realidad extendida por ejemplo. Busca introducir experiencias, reflexiones, multiplicar la experiencia no sólo en los aparatos, sino a través de los aparatos, en nuestra memoria, en nuestro cotidiano perceptivo. No separa y reconstruye la realidad en los puros artefactos, no secuestra la vida en y por los objetos tecnológicos. Más bien busca “desplazar” a través de esas frecuencias perdidas de sonidos ya no presentes con el fin de compartir experiencias que atraviesan el tiempo. Hace de la escucha digital una experiencia entre otras, inscribiéndola en una historia de experiencias. Le da a lo digital el ejercicio de la memoria, más allá de su propia memoria, la memoria digital. Destinado a constituirse en un gran archivo de sonidos extraviados, la memoria que Valparaíso inaudible construye no es sólo una recopilación de sonidos, sino la invitación a ejercer la memoria a través de un archivo que recorre la ciudad.

 

II. Los lugares y acontecimientos

Los siguientes lugares son los que constituyen la red de lugares de Valparaíso Inaudible

1. Avenida Argentina

Su nombre es dado el año 1910, para el Centenario de Chile. Su construcción se realiza entre los años 1912 y  1932, luego de cubrir el estero Las Delicias. La feria que la caracteriza ha estado ahí desde antes que el estero fuera cubierto.

2. La Torre Reloj de la Estación Barón del ferrocarril de Valparaíso

Se ubica al comienzo de la Avenida España, barrio El Almendral. Es lo único que queda de la antigua estación del tren –Estación Barón– que unía Santiago y Valparaíso. La torre mide aproximadamente 15 m. de altura y es de cal y ladrillo. Posee un techo de madera, fierro galvanizado y tejas. Tiene un reloj de tres esferas: hacia el cerro Barón, hacia el mar y hacia Yolanda. Fue declarada Monumento Histórico el 24 de octubre de 1972.

  1. La red de Trolebuses de Valparaíso

Nace en 1952 y es la única red de trolebuses en Chile. Es la segunda más antigua de Sudamérica.

En 1982 pasa a manos privadas, pero sus orígenes son estatales. Desde el año 2007 el sistema de transporte es dirigido por Trolebuses de Chile S. A.

  1. Avenida Francia

Una de las avenidas emblemáticas de la ciudad, de aquellas que van del mar al cerro. Antiguamente llamada la Quebrada de Jaime, separa los cerros La Cruz y Las Monjas. Un industrial llamado Francisco Jenaro Jaime instaló una pequeña fábrica de tejas y ladrillos a orillas del Estero de las Piedrecillas o Piedrecitas. Construyó ahí un pequeño puente que prontamente fue conocido como el Puente de Jaime. En 1912, de manera similar a la Avenida Argentina, se cubre el estero, se pavimenta y la avenida pasa a llamarse Avenida Francia en referencia al monumento del águila que en 1911 donó la colonia francesa “Les français à Valparaíso”.

  1. Reloj Turri

De influencia claramente inglesa (replica al Big Ben de Londres), se comienza a construir el 3 de marzo de 1923 para finalizar las obras el 28 de febrero de 1924. Su primer nombre fue Edificio Agustín Edwards.

  1. Gomero Av. Brasil

Este árbol data del siglo XIX. Cubre la avenida de lado a lado, acogiendo desde entonces a los vecinos, niños, parejas de la ciudad.

  1. Arco Británico

Donación de Inglaterra en conmemoración de los 150 años de la Independencia de Chile. Es de mármol blanco, con la figura del León Británico Victoriano, además de efigies de Cochrane, O’Higgins, Simpson y O’Brian y escudos de Chile e Inglaterra.

  1. Gasometro Baron  

Data de 1853 y se ubicaba a comienzos de la avenida Argentina, frente a estación Barón, lugar hoy ocupado por grandes centros comerciales. En ese entonces distribuía el gas para el alumbrado público. En 1994 se incendia causando alarma entre las autoridades y la población. 400 voluntarios de Bomberos utilizan 200 mil litros de agua para poder controlarlo. 

  1. Ascensor Lecheros

Inaugurado en 1908 y declarado Monumento Nacional de Chile en 1998. En el año 2007 un incendió lo deja inactivo. Su nombre se debe al cerro en donde se encuentra, comunicándolo con el plan oriente de la ciudad.

  1. Ascensor Barón

Inaugurado el 17 de abril de 1909. Es el primer ascensor eléctrico de la ciudad. Une el plan con uno de los miradores más importantes de Valparaíso que antiguamente era parte del camino a Quillota, que unía Valparaíso con la hacienda de las Siete Hermanas (Viña del Mar).

  1. Hospital Deformes

Entre los años 1883 y 1884, Juana Ross compra y dona a la ciudad terrenos ubicados en las calles Tivolá (actual Rawson) y el Estero de las Delicias (actual Avenida Argentina) con el fin de construir un hospital que se inaugura finalmente el 9 de abril de 1894 bajo el nombre de Hospital San Agustín. Este Hospital estaba destinado principalmente a la maternidad.  

El doctor Enrique Deformes Villegas (1866-1920) fue su administrador por 30 años, falleciendo ahí mismo. En reconocimiento a su trabajo, se le da su nombre el 15 de noviembre de 1939.

  1. Incendio de año nuevo

 El 1 de enero de 1953 cerca de las 02:00, fuego en la barraca Schulze, en Brasil con Freire, movilizó a Bomberos de Valparaíso. Rápidamente contralado, una inesperada explosión a las 03:04 se llevó la vida de 36 voluntarios.

  1. Teatro Imperio

Inaugurado el 15 de septiembre de 1922. Es en su época un importante destino para los habitantes y visitantes de Valparaíso. Influenciado por el imaginario romano, su nombre hace clara alusión al Antiguo Imperio, además de su decoración: lámparas, figuras de gladiadores, carreras de carros, coliseos.

  1. Compañía Chilena de Tabaco

Construida el año 1927 para la Compañía Chilena de Tabacos, compañía fundada en 1909. Construcción típica de la arquitectura industrial de principios de siglo XX, época determinante para el desarrollo de la ciudad.

  1. Fabrica Hucke

Edificio representativo de la arquitectura industrial de Valparaíso. Sus piezas fueron transportadas desde Europa y el edificio fue ensamblado entre los años 1907 y 1908. El mito porteño dice que el edificio fue proyectado por Gustave Eiffel, aunque los historiadores no le dan crédito. Fue en verdad Otto Anwandter R. (1874-1954) el autor de esta y varias obras en Valparaíso (entre ellas el edificio del Banco de Chile y Alemania, el edificio Compañía de Tabacos Fernando Rioja, la ampliación del Club Alemán y la Casa Ballivián). Perteneció a la fábrica de galletas Hucke. Hoy es la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Valparaíso.

  1. Teatro Valparaíso

Ubicado en la Plaza Victoria de Valparaíso, en el cruce de la calle Victoria y el pasaje peatonal Lira. De estilo art déco, se caracteriza por ser uno de los primeros edificios modernos de Valparaíso. En él se desarrolló siempre una gran actividad social. Fue construido por Marcel Duhaut y diseñado por el arquitecto Alfredo Vargas Stoller,

  1. Tranvías

El 4 de marzo de 1863, 25 tranvías inauguraron un recorrido desde Barón hasta la Aduana. Con casi cuatro kilómetros de longitud, el recorrido demoraba aproximadamente treinta minutos. Fue el primer servicio de transporte público de Valparaíso y tercero de su tipo en América Latina. En 1904 se moderniza y se hace eléctrico, en un tramo más directo que pasaba por avenida Brasil y calle Blanco.

  1. Ascensor Esmeralda

Inaugurado en 1905. Unía calle Esmeralda con el Paseo Atkinson. En 1948 la estación superior fue destruida por un incendio, terminando con el servicio de ascensor.

  1. Muelle Prat de Madera Plaza Sotomayor

En 1810 la ciudad de Valparaíso estaba conformada por dos aldeas, El Almendral y El Puerto, separadas por un lugar denominado El Cabo. Cercano a este lugar, un comerciante construyó un muelle de nombre “Villa Urrutia”. Con el tiempo, el muelle creció: nuevos atracaderos, almacenes francos y entre 1870 y 1876 se levantó el Muelle Fiscal, que funcionó hasta aproximadamente el año 1919.

  1. Cueva del Chivato

La Cueva del Chivato, así denominada ya desde el siglo XVII, es un lugar mítico de la ciudad de Valparaíso. La gente solía decir que ahí se realizaban reuniones de brujos y que abundaban poderes sobrenaturales. Se decía también que de noche aparecía el diablo bajo la figura de un enorme chivo de terrible mirada que hipnotizaba e inmovilizaba a sus víctimas.

  1. Explosión en Calle Serrano

Una explosión de gas el 3 de febrero de 2017 arrasó con dos edificios y se llevó la vida de cuatro personas. Aún hoy se pueden ver los estragos de esta tragedia.

  1. Ascensor Villaseca

Se inauguró en 1913, pero su construcción empezó el año 1907. Fue declarado Monumento Nacional de Chile el 1 de septiembre de 1998.

  1. Ex cárcel de Valparaíso

Entre 1807 y 1809, se construyó un polvorín en la cima de la Loma de Elías, hoy Cerro Cárcel. Su fin era proteger a las colonias españolas de los ataques ingleses.  Desde 1846 ​ el polvorín comenzó a ser utilizado como presidio, junto a otros edificios cercanos. En 1907, un año después del enorme terremoto que sacudió a Valparaíso, comienza la construcción de la galería de reos de la nueva Cárcel Pública de Valparaíso. La cárcel funcionó entre 1906 y 1999. Hoy encontramos ahí el Parque Cultural de Valparaíso.  

  1. Estación Puerto

Edificio construido en 1937 con el fin de mejorar la estación terminal ferroviaria de Valparaíso. Fue proyectado por el Departamento de Arquitectura de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, cuyo director era el arquitecto Luis Herreros.

  1. Plaza Aníbal Pinto

Antiguamente se llamaba la Plaza de Orden. Cambia su nombre tras la muerte del presidente Aní­bal Pinto. La plaza y su entorno fueron declarados Zona Típica y de Protección por el decreto 556 del 10 de junio de 1976.

 

III. Instrucciones de uso y características de la aplicación

 

  1. Formulario de registro:

Se ingresan los datos necesarios para ser registrado en la aplicación y poder luego usarla.

  1. Formulario de autenticación:

Una vez registrado, ingresar correo electrónico y contraseña para usar la aplicación

   

 

 

  1. Información de usuario

Información personal del usuario y posibilidad de cerrar sesión

  1. Ventana informativa nodo:

Un mapa se despliega al presionar un nodo en la pantalla. Esta vista tiene el reproductor de audio y un cuadro para texto informativo.

   

 

 

  1. Vista del mapa desde lejos:

Mapa con un zoom de distanciamiento

  1. Vista del mapa desde cerca:

Vista del mapa con zoom de aproximación para que permite el detalle de los nodos del lugar geográfico.

   

 

 

 

Valparaíso inaudible

2018

Centro de Investigaciones Artísticas
Universidad de Valparaíso